Los equipos europeos que eran calificados con la chapa de candidatos o que al menos, están obligados a realizar un buen papel en la Copa del Mundo, no arrancaron con el pie derecho y no realizaron buenas actuaciones en las primeras fechas. Pareciera ser que el objeto en común entre Francia, Inglaterra, Alemania y España es la decepción. Alemania y España, pese a las derrotas no pierden las esperanzas. Pero en el caso de Francia e Inglaterra hay un elemento que ha tenido una gran influencia en los errores de las presentaciones de ambos equipos: sus directores técnicos. Tanto Raymond Domenech como Fabio Capello fueron criticados en sus países, son dos entrenadores sumamente polémicos que merecen un análisis aparte.
Domenech no es el favorito de los hinchas, es criticado por los medios y al parecer tampoco tiene la aceptación de los jugadores. Francia fue el equipo que menos actitud demostró en el Mundial hasta el momento, el que menos entregó, como bien lo señalan las palabras de Beckembauer: “Los franceses son la más grande desilusión del Mundial. Han desarrollado un juego indigno para una Copa del Mundo, parecía que estaban en un partido de preparación", dijo. Por su parte, Zidane se dedicó a criticar duramente a Domenech diciendo que “no es un entrenador”. Todas estas críticas tienen que ver con la actitud de este director técnico que tiene un carácter netamente autocrático: no tiene en cuenta las opiniones o consejos de ex futbolistas de gran experiencia o allegados que conocen bastante de fútbol, cree que sus decisiones son las mejores y se siente totalmente seguro de ellas. Esto lo demostró en la última conferencia de prensa cuando dijo que no iba a cambiar para nada en su proceder y que lo que los periodistas digan no le importaba en lo más mínimo. Un claro ejemplo de esto es el hecho de que convocó a jugadores por una cuestión absurda: las alineaciones del equipo son realizadas según la carta astral de los futbolistas, si las estrellas eran favorables, iban al equipo titular; si no pintaban muy bien, al banco de suplentes. Queda demostrado de esta manera, que es un entrenador que prioriza una visión personal (que nada tiene que ver con el deporte) sin importarle cuánto pueda llegar a perjudicar en el funcionamiento y rendimiento del equipo. Y los resultados están a la vista: debido a esta decisión tuvo que cambiar su habitual esquema 4-2-3-1 y recurrió a un 4-3-3, que no favorece para nada al equipo.
Por otro lado, a Francia se le reprocha un cambio, una renovación en el plantel, ya que se considera que muchos de los actuales jugadores han cumplido un ciclo, y es hora de permitirle a los jóvenes brindar su aporte para la mejoría del equipo, sobre todo teniendo en cuenta que fueron superados por México en el plano físico. Sin embargo, Raymond prefirió llevar a los mismos jugadores.
Por otro lado, está la figura de Fabio Capello quien dirige un equipo de muchas estrellas y pocas luces. A Inglaterra no se le cayó una idea en el empate con Argelia y tras la finalización del encuentro, el director técnico fue criticado por la prensa. Lejos quedan las excusas de la presión de los primeros partidos para una zona que parecía accesible para un equipo de la magnitud de Inglaterra; o el tema de la paridad que han demostrado los equipos hasta el momento. Capello dijo que la culpa era del equipo, que ellos saben lo que hacen y lo que debían hacer contra Eslovenia en el tercer partido. Y además comentó: “este no es el equipo que yo conozco”. En este caso, si bien Capello tiene en cuenta las opiniones de sus jugadores, de hecho tiene una buena relación con el capitán de la selección, y mantiene un perfil de entrenador democrático, pareciera que ante los resultados negativos se aísla del equipo, o no se siente parte del mismo.
También dejó en claro que quien se equivoca, está afuera: Robert Green, el arquero que cometió un error que le costó el empate a Inglaterra frente a EE.UU en el primer partido, fue reemplazado por David James, demostrando que Capello no es un DT que da segundas oportunidades. Si bien el Mundial es una competencia en la que un error se paga caro y no hay tiempo para recuperarse o para tener otra chance porque la eliminación acecha, Fabio dejó en claro que no es un buen educador y motivador desde su rol de entrenador y que en realidad la presión a la que tanto apela como argumento para explicar las malas actuaciones de su equipo, no es externa, sino que en algún punto, la genera él mismo.


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