La trillada frase de que los súperclásicos son partidos que están más allá de todo nunca estuvo mejor aplicada. Pero no porque ganarlos les salva la campaña a un equipo o al otro, no porque perderlos signifique hundirse más. En este caso, los tiempos de mieles deportivas y el entusiasmo tribunero producto de condimentos ligados a la lucha por un campeonato o el broche de oro para un estado anímico ideal, están a años luz. Millonarios y Xeneizes acarrean problemas de todo tipo de cara al encuentro ¿más esperado?: técnicos cuestionados, referentes enfrentados y rendimientos muy opacos. Boca-River, River-Boca no expresa en esta oportunidad un contraste, equipos opuestos, lo único que los diferencia es esa eterna rivalidad. Pero hoy, las coincidencias entre uno y otro son asombrosas: campañas por debajo de las expectativas, la incapacidad de sus técnicos para lograr que sus pretensiones se reflejen en el campo de juego, el cambio constante de formaciones, la carencia de asociaciones en el juego, la desesperación a la hora de realizar cambios a ver si surge un efecto mágico que permita remontar los resultados, el hecho de promover juveniles - por necesidad más que por una fuerte convicción- que de día para otro son incendiados, aferrarse a lo que puedan llegar a hacer Almeyda y Riquelme, los emblemas de cada equipo o soñar con el regreso de un pasado glorioso de Ortega y Palermo, entre otras cosas, evidencian las similitudes que hay en este escenario compartido por dos adversarios de toda la vida.

River ´tuvo un buen arranque en el campeonato, con tres victorias al hilo, mostrando la intención de jugar con el toque como punto de partida. Pero la fecha 13 marcó el final de la sociedad entre Cappa y el conjunto de Núñez. Adiós a un proyecto que iba a ser desarrollado en un año como mínimo y que se interrumpió a los cuatro meses. Ángel nunca pudo imponer sus ideas más allá de las cualidades de los jugadores, a diferencia de Huracán donde había materia prima para ponerlo en práctica, en River, aplicar la misma fórmula no tuvo un resultado positivo. Ni siquiera era posible distinguir entre suplentes y titulares. Y hoy, la incomodidad de estar en la zona de promoción tras no haber podido obtener buenos resultados frente a Gimnasia, Quilmes y All Boys, determinan el peor presente para el Millo.
Boca, por el contrario, no había empezado con el pie derecho y el Bichi consideró el partido contra Vélez como el determinante. Ganó, pero después perdió con San Lorenzo, y a partir de ahí está en la cuerda floja hasta el día de hoy. 25 jugadores en 13 partidos, una cuestionada línea de tres, un deficit creativo en la elaboración de juego, y la espera de un súper héroe conocido como Juan Román Riquelme sabiendo que la crisis de juego excede su talento. Las recientes declaraciones de Palermo denotan la situación que el club de la Ribera atraviesa: "Más allá de ser hincha de Estudiantes, Boca es parte de mi vida y me llevó a ser lo que soy. Estoy preocupado por vivir situaciones que antes no pasaban, demos un golpe de atención, no pasa todo desde lo futbolístico, sino por otros lados también", disparó el goleador. Y añadió: "No me quiero ver reflejado en uno o dos años de lo que le esta tocando vivir hoy a River". El remate no es lo único que llama la atención, sino esos "otros lados" por los que pasa la preocupación de Martín: la disconformidad de algunos miembros del plantel con Borghi, el cuestionamiento de su autoridad, cruces en el vestuario, exposiciones mediáticas y la responsabilidad de la dirigencia que construyó esta realidad.
Cuesta encontrar un súperclásico tan devaluado, con más dudas que certezas por parte de ambos conjuntos, y mientras que Cappa pronostica que River ganará y jugará bien porque "cuando un entrenador se va, el jugador se libera" y en Boca apelan a la ayuda de un pastor, el clásico N° 228 oficial de la larga y rica historia, se acerca. La incertidumbre y la tensión crecen, porque un River-Boca, incluso éste River-Boca, es un partido aparte que siembra la incógnita.
• CAMBIO DE NOMBRES Y DE SISTEMA EN RIVER
J.J. López alineó a Carrizo; Ferrari, Maidana, Ferrero y Román; Pereyra, Acevedo, Almeyda y Lamela; Buonanotte y Funes Mori ante un combinado de juveniles al que golearon 4-0, con goles de Funes Mori (2), Buonanotte y Ortega (ingresó en el ST). Pavone se entrenó diferenciado por una contractura.
• LA CONFIANZA DE FERRERO
Ante las negativas de Gallego y de Bielsa, Juan José López fue confirmado para el clásico con Boca, de cuyo resultado dependerá su futuro. Lógicamente, si River gana, Pasarella tendrá más tiempo para respirar y pensar. Mientras, el defensor Alexis Ferrero declaró que la asunción de J.J López renovó el ánimo: "Cuando Leo (Astrada) era el técnico, a los dos días asumió Cappa y a los dos días hicimos un gran partido con Godoy Cruz. Vamos a salir a ganar, necesitamos un triunfo por más que esté Boca enfrente".
• LUCCHETTI Y VIATRI EN DUDA
Los frecuentes errores de Cristian Lucchetti pusieron en duda su presencia en el Monumental y Claudio Borghi apostaría al juvenil Javier García, quien atajó por última vez en la 19° fecha del Clausura, en la caída 3-0 contra Banfield. También hay una inseguridad en el ataque: Lucas Viatri, de flojo presente y con molestias, podría perder su lugar.